Vivir el mensaje de misericordia

Los fariseos a quienes Cristo hablaba en la primera cita, eran muy devotos y fieles a las oraciones, reglas y rituales de su religión; pero, con el transcurso de los años, estas prácticas exteriores se hicieron tan importantes en sí mismas que se perdió su verdadero significado.  Los fariseos practicaban todos los sacrificios prescritos, rezaban todas las oraciones apropiadas, ayunaban con frecuencia y hablaban mucho de Dios, pero nada de eso les había tocado los corazones.  Como resultado, no tenían una relación vedadera con Dios, no vivían en la manera en que Dios quería que vivieran y no estaban preparados para la venida de Jesús.

Cuando miramos la imagen del Salvador Misericordioso o cuando hacemos una pausa para orar a las tres de la tarde o cuando rezamos la coronilla a la Divina Misericordia, debemos preguntarnos: ¿Estas cosas están acercándonos a la verdadera vida sacramental de la Iglesia y están permitiendo que Jesús transforrne nuestros corazones? ¿O es que se han convertido en hábitos religiosos?  En nuestras vidas cotidianas, ¿estamos creciendo cada vez más como personas de misericordia? ¿O solamente estamos recitando alabanzas insinceras, hablando "de dientes nacia afuera", respecto a la misericordia de Dios?

Las prácticas de devoción reveladas por medio de Sor Faustina nos fueron dadas como "recipientes de misericordia" a través de los cuales el amor de Dios puede derramarse sobre el mundo.  Sin embargo, no son suficientes.  No es suficiente colgar la imagen de la Divina Misericordia en nuestras casas, rezar la coronilla a la Divina Misericordia diariamente a las tres de la tarde y recibir la Santa Comunión el primer domingo después de Pascua.  Debemos también mostrar misericordia al prójimo.  Poner en práctica la misericordia no es una opción de la devoción de la Misericordia Divina; ¡es un requisito!

¡Qué fuerte le habla nuestro Señor a la beata Sor Faustina sobre esto!

Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia Mí.  Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes.  No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. (Diario, 742).

Como en el mandato del Evangelio «Sean misericordiosos, como su Pade es misericordioso» (Lucas 6, 36), esta orden de ser misericordiosos siempre y en todas partes nos parece imposible de realizar.  Pero el Señor nos asegura que sí es posible.  Cuando un alma se acerca a Mí con confianza, explica el Señor, la colmo con tal abundancia de gracias que ella no puede contenerlas en sí misma, sino que las irradia sobre otras almas (Diario, 1074).

¿Cómo "irradiamos" la misericordia de Dios a los demás?  Por medio de nuestras acciones, nuestras palabras y nuestras oraciones.  En estas tres formas, dijo el Señor a Sor Faustina, está contenida la plenitud de la misericordia (Diario,742).  Todos hemos sido llamados a esta práctica triple de la misericordia, pero no todos somos llamados de la misma forma. Necesitamos pedirle al Señor, que entiende nuestras personalidades y situaciones individuales, que nos ayude a reconocer las diferentes maneras en que cada uno de nosotros puede mostrar Su misericordia en nuestras vidas diarias.

Una cosa que todos nosotros podemos hacer es fijamos nuevamente en lo que la Iglesia llama "Las Obras Corporales y Espirituales de Misericordia", un listado de 14 formas de responder a las necesidades físicas, mentales, emocionales y espirituales de los demás.
 

 Al pedir la misericordia del Señor, confiar en Su misericordia y sinceramente tratar de vivir Su misericordia en nuestras vidas, podemos estar seguros de que nunca oiremos al Señor decir de nosotros, «sus corazones están lejos de Mí» (Mateo 15, 8), sino que oiremos esa promesa maravillosa, «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misencordia» (Mateo 5, 7).
 
 

UN NUEVO ENFOQUE
A LA MISERICORDIA DIVINA

Del Diario de una joven monja polaca, una devoción especial a la misericordia de Dios está difundiéndose por todo el mundo.

El mensaje no es nada nuevo, sólo es un recordatorio de lo que la iglesia siempre ha enseñado: que Dios es misericordioso y que El perdona y que nosotros también debemos ser misericordiosos y perdonar.

Pero en la devoción a la Divina Misericordia este mensaje asume un nuevo, poderoso enfoque, ya que nos llama a una comprensión más rofunda de que el amor de Dios no tiene límites y que está disponible a todos, especialmente al pecador más grande: Cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a mi misericordia (Diaro, 723).

Entre los elementos de este nuevo enfoque figuran una imagen sagrada del Salvador misericordioso, varias oraciones nuevas y una abundancia de promesas.  Pero los elementos principales son la confianza y las obras de misericordia.